Eran los tiempos en los que el mundo giraba de izquierda a derecha, cuando la primavera era siempre verde y las mariposas llegaban puntuales al Santuario Monarca, cuando el Sol despertaba la aguda garganta de los gallos con sólo darles un rocío de luz, cuando la Luna iluminaba las calles al caer la oscuridad, iluminando los rostros y dándole brillo a los ojos de los que alguna vez soñaron, sobre todo cuando el mundo aún estaba ajeno a la amenaza del reguetón.
Corría el año de 1997 cuando mi todo poderosa y llena de sabiduría madre me dijo que asistiría al Kinder. Tenía apenas 4 años de edad , temeroso del mundo exterior y los nuevos rostros me eché a llorar durante la presentación de compañeros en aquel pequeño salón. Las lágrimas hacían borrosa mi visión y no lograba distinguir si alguien más también lloraba, cosa que supongo debido a la edad y las circunstancias, era bastante factible.
Con el tiempo aprendí que mi mamá no siempre iba a estar ahí conmigo y que tenía que socializar y ser amable con los demás por lo que los amigos no tardaron en llegar.
Por motivos de lagunas mentales no recuerdo con eficiencia los nombres de mis principales aliados, si no mal recuerdo eran Mario, Gerardo, Villalón y algún otro sujeto.
Nosotros nos encargábamos de llevar la alegría al lugar, ya fuera en el salón creandole crisis nerviosas a las maestras o en el recreo, jugando a bailar el torito de petate.Éramos los reyes, no había razón alguna para odiarnos, casi todos nos adoraban y eran pocos los recluidos, inadaptados, amargados, tetos, hediondos y tarados los que preferían mantenerse alejados de nosotros. Todo era absoluta alegría, hasta que se cumplió el ciclo, y como en toda buena historia tenía que aparecer el villano infeliz y desgraciado, que en esta epopeya vienen a ser dos, una maldad gemela, literalmente.
Mis recuerdos no son profundos, por lo cual no recuerdo ni cómo empezó todo.
Eran dos hermanos gordos, gordos y altos para la edad, los más grandes del Kinder en cuanto a complexión, mis recuerdos los detallan como albinos. Las maestras se ocultaban tras los arbustos cuando ellos llegaban, todos los niños corrían en círculos rogando por sus madres y cuenta la leyenda que inclusive el mismo Sol se ocultaba para dar paso a la tormenta que aquella maldad conjunta traía consigo. Era así como se vivían casi todos los días en el "Jardín de Niños Brasil", así había llegado a su fin la era de los arcoiris y los ponys para dar paso a la oscuridad de :LOS HERMANOS BRANDON.
Los hermanos Brandon eran, por así decirlo, la mafia que controlaba el temor y el horror de todos los que asistíamos al Kinder en aquel lugar, nadie estaba exento de la furia de estos dos, los principales capos del desorden, el pánico y el suplicio entre los niños más pequeños. De complexión robusta y lenguaje intimidante se encargaban de sembrar el terror entre los alumnos; recuerdo varias quejas de compañeros y amigos alegando que los Hermanos Brandon abusaban de ellos, expropiando desayunos, dinero, colores y hasta loncheras.
En una expedición en los columpios, en un día en el que el Sol daba el visto bueno para una buena aventura sufrí una caída mortal. Se cree hasta la fecha que el autor material de semejante crimen fué uno de los Hermanos Brandon, quien me vió desprevenido y aprovechó para empujarme de mi columpio y provocar mi muerte, sin embargo yo era bien arrecho y logré sobrevivir a pesar de que el tabique desviado en mi nariz me recuerde cada mañana aquella cobardía.
Pero tuvo que llegar el día, el día en el que el atardecer sería rojo dándole honor a la batalla que estaría por librarse. Llegó Villalón en un recreo, llorando diciendo que los Brandon le habían quitado su chamarra y le habían pegado; en ese momento fué que sentí que debía hacer algo o todos caeríamos algún día.
Esa misma mañana, en plan Miguel Hidalgo, yo y mis secuaces y valerosos compañeros le hicimos frente a la situación de histeria tras dar el grito de libertad durante un recreo en la parte de atrás de los salones, donde imperaba la autocracia de los hermanos Brandon. Fue una batalla campal entre organizaciones, los Brandon mostraron resistencia hasta que un refuerzo inesperado (la directora) llegó para culminar la revolución y así se dio fin a la era de la opresión en el Jardín de Niños Brasil.
Recuerdo que convocamos alrededor de 20 niños y niñas para atacar a los Brandon, en cuanto vimos la sombra gemela asomarse por el corredor dimos el grito de guerra. La gran diferencia entre ser "montoneros" y ser valientes radicó en que los dos Brandon juntos, pesaban lo mismo que 15 de nosotros, además de que tenían la fuerza de un Minotauro en celo.
Yacían en el candente suelo mientras eran repudiados por todos los niños victimizados, sin embargo hay que resaltar que a pesar de los esfuerzos los Brandon casi logran salir avantes, con sus poderosos brazos lograron evadir a la gran mayoría y casi me matan al estrellar mi cabeza contra una llanta de colores, pero como ya mencioné anteriormente yo soy bien arrecho y conseguí librarme para dar una de las patadas en la entrepierna más gloriosas que he dado jamás a nadie nunca.
Justo cuando el otro Brandon se me venía encima llegó la ya mencionada Directora buena para nada del plantel al escuchar semejante griterío. Los gemelos ya tenían la fama de ser problemáticos asi que a pesar de que uno de ellos estaba en el piso retorciéndose, llorando y tocandose los genitales fueron llevados de inmediato a la dirección.
Los expulsaron del plantel y se fueron llorando entre abucheos e insultos de todos los que alguna vez sufrieron de su tiranía. Mis ojos se llenan de júbilo y orgullo cada vez que recuerdo aquella hazaña y por algún extraño motivo me da hambre también.
Moraleja: Si un niño gordo te intimida, mátalo.


































